10 de septiembre de 2012

Xian

Dejamos Chengdu y sus pandas atrás para dirigirnos a quizás uno de los lugares más esperados del viaje, estábamos de camino de Xian, la ciudad cultural de China.


Eso sí, después del fatídico viaje en tren Guilin - Chengdu decidimos dejarnos la racanería a un lado y disfrutar de la máxima categoría que ofrecen los trenes chinos. Y aquí me tenéis relajándome en la súper suite..jajaja, con visillos hasta en las cortinas, pero comodísima.




Llegamos a las 6 de la mañana a Xian (buena hora, ya lo sé). Pensábamos que llegaríamos y tendríamos que coger un taxi al hostel porque era muy pronto para conseguir transporte público. Cual fue nuestra sorpresa cuando salimos y la ciudad estaba en plena ebullición. Yo no sé si es que los chinos se levantan muy pronto o básicamente es que no duerme.





Así que después de nuestro típico desayuno en McDonals (y el que se atreva a decirme que porque comemos en McDonals en China, des de aquí le dijo que si alguien encuentra un sitio en China donde poder desayunar un café, que me lo diga por favor). Dejamos las maletas en el hostel y nos fuimos a dar una vuelta por la city.


Xian es una ciudad donde las culturas y religiones se mezclan des de tiempos ancestrales. Donde los emperadores, poetas, monjes, mercaderes y guerreros hicieron de Xian su ciudad. Quizás porque era la última parada de famosa Ruta de la Seda y concentraba lo mejorcito de cada casa. Una ciudad donde aún puedes sentir la vieja gloria que fue la ciudad en el siglo X. 

Es un lugar donde dejarte llevar por tu imaginación, porque hay que admitir que los mercados en China no tienen desperdicio.  En el barrio musulmán, conocido por sus puestecillos en la calle, lleno de comerciantes, gente comprando, pequeñas mezquitas escondidas detrás de gigantescas puerta de madera. Es allí, donde se concentra una de las comunidades musulmanas de China, la comunidad Hui (para entendernos los chinos musulmanes). Llegaron a Xian a finales de siglo VII y hoy día son más de 50.000 fieles.




Si, son pipas de girasol.





Carnicería China!

Increible!



Como era de esperar, en el centro del barrio musulmán se encuentra la Gran Mezquita de Xian, es una de las mayores mezquitas de toda China, por eso es conocida como a pequeña Meca. Fue construida en el año 742, con la llegada de los mercaderes y viajantes de Persia y Afganistan durante la dinastía Tang. La curiosidad de esta mezquita es que tiene una arquitectura mixta, fusionando la cultura china y árabes. Para que os hagáis una idea es tipo la mezquita de Córdoba en España (salvando las diferencias, eh)








Volvimos al antiguo barrio de Xian, que es donde más se aprecia la vida de la ciudad.

Ahhhhh pero antes, creo que ya os había hablado antes de la moda, NO PAÑAL de China. Pues aquí os dejo con la imagen gráfica.



Lo mejor de Xian es callejear, sin ninguna duda. Creo que Xina con bastante diferencia es donde las cosas cotidianas más me han sorprendido. Aunque al principio es molesto, al final acabas encontrando el encanto de que sean tan diferentes a nosotros, en algunas cosas.

Mari, que ha venido tu familia a comer!! Pues entonces comemos fuera, dicho y hecho!




Xian también es conocida por su Opera, se representan a diario en muchos teatros repartidos por la ciudad. En ellas se representan sobre la Ruta de la Seda, pero sobretodo hechos importantes durante el reinado del emperrado Qin Shihuang. Dicen que son muy bonitas, ya que es más coloridas que la Opera de Pekín. Pero como todo lo que es turístico en China, el precio es abusivo para los que tenemos un presupuesto "ajustado". Así que nos enteramos de que había un teatro que no era turístico, y allí que nos fuimos. Entre callejuelas, encontramos el teatro como dos horas más tarde, y cuando por fin lo encuentro resulta que cual el único mes que no esta abierto, adivinar? En Agosto! Pues nada nos quedamos sin Opera de Xian.



Aunque si me tengo que quedar un lugar de Xian, me quedo con la muralla. Lo mejor para visitar la muralla es alquilar una bicicleta y con ella recorrer los 14 Km de muralla. Si se va en verano aconsejo ir  antes del atardecer, primero por la calor y segundo porque ver el atardecer desde la muralla merece la pena. Aunque todo adquiera un color difuminado por la maravillosa contaminación China.

Esta muralla separa la antigua Xian, de la nueva. Con 12 metros de altura y 18 de ancho el base. Se construyó en 1370, pero es la mejor conservada de toda China.










China's Livestyle







Después de un día duro uno se merece una recompensa. Una buena comilona, en realidad comimos más de lo que queríamos por el pequeño problema idiomático de siempre. Justo detrás de nuestro hotel entre callejuelas, había un par de calles de restaurantes (De chinos para chinos), lo confirmo por lo sucio que estaba todo. Nos quedamos con el que creíamos que era más limpio y apetecible comer. Pero aja, no tenia ni carta-menú, ni fotos. Así que entre señas y gritos nos acabamos entendiendo, o eso creíamos. Finalmente comimos como 25 dumplings por una miseria. Nosotros creíamos que era 12 dumplins por 25 Yuans y era al revés 12 Yuanes por 25 dumplings cada uno!!! y como veis recién salidos de las manos del señor chino. Buenisimos!





30 de octubre de 2011

Acariciando el cielo


Siguiendo la ruta que comunica China con el Tíbet, nuestra próxima parada era Tagong. Una pequeña población situada en las llanuras que existen a 2500 mts de altura.
Después de pasar una hora regateando el precio de la furgoneta-taxi, por 100 RM conseguimos ponernos rumbo a Tagong. Los impresionantes paisajes que nos dejaba el camino, confirmaba lo increíble que es este lugar
Siendo una de las zonas más despobladas de China, debido a la altura y las duras condiciones climatologías. Que aunque fuimos en pleno verano, no nos pasaron desapercibidas.


Tagong, un lugar pequeño, acogedor, perdido entre montañas donde pastan los conocidos Yak. El Yak es prácticamente la base de la alimentación de los lugareños. De donde extraen, la carne, la leche, la mantequilla, el yogurt, su pelaje y vete tu a saber que más, porque estos chinos no tiran nada, vamos.


Se dice, que el Tíbet es el techo del cielo, y tengo que decir que el cielo pierde su dimensión visto de tan cerca. El azul contrastado con las praderas, hacen de este paisaje que sea único. Supongo que después de casi tres meses viajando por Asia, te acostumbras al caos, al ruido constante y es sólo en lugares como este, donde realmente saboreas de nuevo la tranquilidad, la normalidad de la gente de pueblo, de la amabilidad, de no tener prisa, de no sentirte engañado… la calma en su más pura esencia.



Nada más llegar, encontramos un sitio muy acogedor donde quedarnos. La señora era un encanto y para estar en el fin del mundo, su casa no estaba nada mal. Lo primero que hizo, fue sentarnos en su salón y ofrecernos té y un aperitivo, para que nos relajásemos, ayyyyy que gusto. La señora era para comérsela con esos mofletitos tibetanos, su casa una cucada, pero cuando llegamos a la habitación casi me quede en shock, no había visto tantos colores y formas juntas en una pared en mi vida. Aquí os lo dejo, juzgar vosotros mismo…



Con que caras te quedas??
Nosotros, que estábamos deseando explorar la zona, nos dirigimos al monasterio más cercano. Allí nos sorprendimos de lo coloridos que son estos templos a diferencia de otras ramas del budismo. Justo antes de entrar al templo, oímos unos tambores y flautas sonando. Preguntamos a unos de los monjes y nos dijeron que eran los monjes más jóvenes ensayando canciones y bailes, en el tejado del monasterio. Preguntamos, si podíamos subir a verlo, y para nuestra sorpresa nos indicaron el camino uno de los monjes sonrientemente. Nos sorprendió, porque en el sur oeste asiático los monjes son bastante más reservados y nos les gusta mucho la visita de los turistas.




Con cautela, nos asomamos al tejado y allí había una veintena de monjes, bailando y tocando bajo la burla y las bromas de los otros monjes. Nos invitaron a sentarnos y uno de ellos nos intentaba explicar como podía de qué se trataba, la juerga que tenían allí montada. Allí estuvimos un rato, y de repente, allí estaba él… A 2500 mts de altura, en el tejado de un monasterio tibetano , en una población de 700 personas… como lo hubieran sacado de un anuncio de Estrella Damm..


Aquí y en Tíbet "Més que un club..."



Les pones abanicos y parecen Locomia!
Como era de esperar, al subir 1000 mts de golpe, nos hizo mella a la que nos relajamos un poco. En Gerard tuvo que quedarse en la cama toda la tarde porque le iba a estallar la cabeza. Así que yo decidí ir a dar una vuelta a ver que hacían los tibetanos, porque si algo tiene Asia, es que un simple paseo por la calle te mantiene entretenida una tarde entera. Ya que los asiáticos viven en la calle y nos les importa compartir su vida con los demás. Así, que con la compañía de la cámara me fui a ver que encontraba…
.

Autentica a más no poder!


La carnicería, al estilo tíbetano, claro.


Aunque no os lo creáis, así calientan el agua.
Al cabo de un rato de estar paseando por allí, veo a lo lejos en una colina a una señora de 256845 años con su nieta, subiendo colina arriba. Y pensé: “seguro que hay unas vista increíbles allí arriba, y si esta señora la sube así de ligera, pues para allá que me voy”. Cuando después de 20 minutos finalmente encontré el camino para subir, poca broma, eh. No os penséis que es tan fácil subir colinas en China, eh. Me di cuenta, de que estoy como se diría en Chile “pa la cagá”, me tuve que parar dos veces a respirar, porque pensaba que no llegaba, eh. Pero la silueta de la anciana me daba fuerzas, si ella puede, YO PUEDO. Iba tan lenta que al final unos niños se unieron a mí, gritándome no se que y siguiéndome. Yo creo que me gritaban: “flojaaaa”.  Porque no paraban de reírse, los muy …





Finalmente, llegué! y la verdad que las vistas valian la pena. Sentada, recuperando el aliento y rodeado de niños  y perros, me limite a gozar de algo que muy poca gente hoy en día tiene para si misma, tiempo.

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